Una década en Saint Laurent que cambió la forma de entender el deseo masculino
En una industria que vive obsesionada con el cambio constante, hay algo profundamente contracultural en sostener una visión durante diez años. Eso es exactamente lo que ha hecho Anthony Vaccarello al frente de Saint Laurent desde 2016: construir un lenguaje propio sin necesidad de reinventarse cada temporada.
Su llegada se produjo en un momento delicado. La casa venía de una etapa marcada por la intensidad estética de Hedi Slimane, que había convertido Saint Laurent en un símbolo generacional ligado al rock, la juventud y una estética radicalmente reconocible. Vaccarello no compite con ese legado. Lo enfría.
Donde antes había urgencia, introduce pausa. Donde había ruido, aparece el control. Y en ese gesto —aparentemente sutil— se esconde una de las transformaciones más interesantes de la moda masculina reciente: el paso de la actitud a la presencia.
Evolución de Saint Laurent hombre: del rock al silencio como código estético
2016–2019: depurar el exceso





Los primeros años de Vaccarello son un ejercicio de contención. La silueta ultra skinny se relaja, los trajes recuperan estructura y el negro deja de ser una estética juvenil para convertirse en un lenguaje sofisticado.
El hombre Saint Laurent abandona el backstage y entra en escena.
Aquí empieza a construirse una idea clave: la elegancia no como ornamento, sino como actitud interna.
2020–2023: ambigüedad, cine y deseo



Con la consolidación llega algo más interesante: la ambigüedad. Las colecciones masculinas empiezan a incorporar tejidos fluidos, transparencias, blusas y capas que rompen con la rigidez tradicional del armario masculino. No se trata de feminizar al hombre, sino de complejizarlo.
Vaccarello introduce referencias constantes al cine europeo, a personajes más que a arquetipos. El resultado no son looks, sino narrativas. Cada desfile parece una escena que no termina de explicarse.

2024–2026: precisión emocional





En sus colecciones más recientes, todo se reduce a lo esencial. La sastrería es más limpia, más precisa, pero también más vulnerable. Hay menos elementos, pero más intención. La masculinidad deja de construirse como protección y empieza a leerse como exposición. Las referencias a los años 70 —una década central para Yves Saint Laurent— aparecen filtradas por una mirada contemporánea donde el cuerpo, el gesto y la actitud pesan más que la prenda en sí.
Los códigos Vaccarello: cómo se construye una identidad reconocible

Si algo define estos diez años no es la evolución, sino la consistencia. Vaccarello no trabaja por tendencias, trabaja por códigos:
Sastrería afilada: hombros marcados, caída limpia
Paleta nocturna: negro, marrones profundos, tonos apagados
Materiales con carga sensorial: cuero, látex, seda, transparencias
Erotismo contenido: nunca evidente, siempre latente
Construcción cinematográfica: cada colección como universo narrativo
En un momento donde muchas marcas buscan viralidad inmediata, Saint Laurent ha optado por algo más complejo: repetición consciente hasta convertirse en lenguaje.
Saint Laurent como fenómeno cultural: moda, cine y control de imagen
El mayor acierto de Vaccarello no está solo en la pasarela, sino en entender que una marca hoy no se limita a vestir: construye contexto.
En este sentido, la creación de Saint Laurent Productions marca un punto de inflexión. La maison entra en el cine no como patrocinador, sino como agente cultural, colaborando con directores como Pedro Almodóvar o Paolo Sorrentino. Este movimiento no es anecdótico. Refuerza una idea clave: Saint Laurent no comunica moda, comunica atmósferas.

A esto se suma una estrategia extremadamente afinada: Desfiles en localizaciones monumentales, casi performativas. Casting vinculado a cine, música y cultura contemporánea. Control absoluto de la imagen (ni sobreexposición ni saturación). En un ecosistema dominado por el exceso de contenido, la marca construye valor desde la ausencia.
El impacto global: de casa histórica a símbolo de deseo contemporáneo
Más allá del discurso, los datos acompañan.
En la última década, Saint Laurent se ha consolidado como una de las marcas más relevantes del grupo Kering, con un crecimiento sostenido y una posición clara dentro del lujo global.
Pero el verdadero éxito no está solo en la facturación, sino en algo más difícil de medir:
la capacidad de ser deseado sin necesidad de explicarse constantemente.
Vaccarello ha conseguido que Saint Laurent vuelva a ocupar ese lugar ambiguo entre moda, cultura y actitud que pocas marcas sostienen hoy.
Diez años después: la fuerza de una visión sostenida
En 2026, mientras muchas casas cambian de director creativo en ciclos cada vez más cortos, la continuidad de Vaccarello resulta casi radical. No ha necesitado romper con el pasado para avanzar. No ha necesitado gritar para ser escuchado. Ha construido una estética donde todo parece bajo control, pero donde siempre hay algo a punto de desbordarse.