BMW Art Cars: Calder, Warhol, Hockney y 50 años convirtiendo coches en arte

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Alexander Calder, Roy Lichtenstein, Andy Warhol, David Hockney, Jenny Holzer, Jeff Koons o Julie Mehretu forman parte de una colección difícil de comparar con cualquier otra: BMW Art Cars.

Durante más de cincuenta años, BMW ha invitado a algunos de los grandes nombres del arte contemporáneo a intervenir sus automóviles con una libertad creativa poco habitual en este tipo de colaboraciones, construyendo una colección de veinte piezas en la que pintura, diseño industrial, tecnología y competición terminan compartiendo un mismo objeto.

BMW Art Cars: una colección que comenzó en Le Mans

La historia de BMW Art Cars comienza en 1975 gracias a Hervé Poulain, piloto y marchante de arte francés que tuvo la idea de competir en las 24 Horas de Le Mans con un automóvil intervenido por un artista. Con el apoyo de Jochen Neerpasch, entonces responsable de BMW Motorsport, Poulain invitó a Alexander Calder a trabajar sobre un BMW 3.0 CSL, trasladando a su carrocería las grandes superficies de rojo, amarillo, azul y blanco que caracterizaban buena parte de su obra.

El resultado tenía poco que ver con la decoración convencional de un coche de competición, porque los bloques de color de Calder modificaban visualmente los volúmenes de la carrocería y convertían el movimiento del automóvil en parte de la propia obra. Lo verdaderamente singular, sin embargo, era que aquel BMW no había sido concebido para permanecer protegido en un museo: después de ser intervenido por Calder, participó en las 24 Horas de Le Mans, introduciendo desde el primer momento una relación entre arte y uso que acabaría definiendo buena parte del proyecto.

Aquella primera experiencia dio origen a una colección que durante las cinco décadas siguientes crecería sin establecer una periodicidad fija ni imponer una estética común, permitiendo que cada artista interpretase el automóvil desde su propio lenguaje.

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ALEXANDER CALDER
BMW 3.0 CSL – 1975

Roy Lichtenstein y Andy Warhol: pintar la velocidad

Roy Lichtenstein fue uno de los primeros en continuar el proyecto y, en 1977, trabajó sobre un BMW 320i Group 5 utilizando sus característicos puntos Ben-Day junto a grandes líneas de color que recorrían longitudinalmente la carrocería. Su intervención pretendía representar tanto el paisaje que rodeaba al coche como la sucesión del día y la noche durante una carrera de resistencia, haciendo que el movimiento no fuese únicamente una cualidad mecánica, sino también una parte esencial de la composición visual.

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ROY LICHTENSTEIN
BMW 320i Group 5 – 1977

Dos años después llegaría probablemente el BMW Art Car más reconocible de todos. En 1979, Andy Warhol recibió un BMW M1 Group 4 y decidió trabajar directamente sobre la carrocería, prescindiendo de la precisión industrial que cabría esperar en un automóvil de competición y aplicando grandes pinceladas de rojo, verde, azul y amarillo en las que podían reconocerse las marcas del pincel e incluso de sus propios dedos.

Warhol tardó aproximadamente 28 minutos en completar la intervención y explicó que quería representar visualmente la velocidad, haciendo que las líneas y los colores parecieran difuminarse como ocurriría al observar un automóvil desplazándose rápidamente. El gesto adquirió todavía mayor sentido cuando aquel mismo BMW M1 participó en las 24 Horas de Le Mans de 1979 y terminó sexto en la clasificación general, convirtiendo una obra realizada por una de las figuras fundamentales del pop art en una auténtica máquina de competición.

La imagen del M1 de Warhol continúa siendo, décadas después, una de las mejores síntesis del proyecto BMW Art Cars, precisamente porque resulta difícil determinar dónde termina el automóvil y dónde empieza la obra.

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ANDY WARHOL
BMW M1 Group 4 – 1979

David Hockney y la idea de mirar dentro del automóvil

Cuando David Hockney recibió un BMW 850 CSi en 1995, eligió un camino muy diferente al de Warhol. En lugar de entender la carrocería simplemente como una superficie sobre la que pintar, decidió utilizarla para mostrar aquello que normalmente permanecía oculto detrás de ella, creando una especie de radiografía imaginaria en la que aparecían interpretaciones del motor, diferentes elementos del habitáculo, la figura del conductor e incluso un perro en el asiento trasero.

Hockney también incorporó referencias al paisaje y al movimiento exterior, estableciendo un diálogo entre aquello que sucede dentro de un automóvil y lo que el ocupante observa mientras viaja. El resultado convertía la carrocería, cuya función habitual consiste precisamente en esconder la complejidad mecánica y estructural del coche, en una superficie aparentemente transparente desde la que era posible imaginar todo lo que ocurría detrás.

Para entonces, BMW Art Cars había demostrado que no necesitaba una identidad visual reconocible para funcionar como colección. Robert Rauschenberg había utilizado reproducciones fotográficas de obras de arte sobre un BMW 635 CSi; Esther Mahlangu había trasladado al BMW 525i los patrones geométricos y el lenguaje cromático de la tradición pictórica ndebele; mientras que César Manrique había intervenido un BMW 730i utilizando formas y colores vinculados al paisaje, la naturaleza y el movimiento que atravesaban buena parte de su trabajo.

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DAVID HOCKNEY
BMW 850 CSi – 1995

Jenny Holzer: convertir un coche de carreras en un soporte para las palabras

La intervención realizada por Jenny Holzer en 1999 llevó el proyecto hacia un territorio todavía más conceptual. La artista estadounidense trabajó sobre un BMW V12 LMR prácticamente blanco y trasladó a su superficie varias de sus conocidas frases mediante letras reflectantes y cromadas, integrando en una máquina diseñada obsesivamente alrededor de la velocidad un conjunto de textos relacionados con el deseo, el poder, el miedo y la vulnerabilidad.

Entre ellos aparecía sobre el alerón trasero una de sus frases más reconocibles, Protect me from what I want, cuya presencia sobre un prototipo de competición introducía una contradicción especialmente poderosa entre la sofisticación tecnológica del objeto y el cuestionamiento del deseo que proponía el texto.

El BMW de Holzer también participó en las 24 Horas de Le Mans, manteniendo esa relación entre contemplación y uso que había acompañado al proyecto desde Calder y demostrando que el contexto de una carrera podía formar parte de la lectura de la propia obra.

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JENNY HOLZER
BMW V12 LMR – 1999

Jeff Koons y una explosión de velocidad

Jeff Koons recuperó en 2010 una aproximación mucho más exuberante al intervenir un BMW M3 GT2 con una composición construida a partir de líneas de colores intensos que parecían desplazarse desde la parte delantera hacia la trasera del automóvil. La intención era representar gráficamente la energía, el movimiento y la aceleración, utilizando la propia geometría del coche para amplificar la sensación de velocidad incluso cuando permanecía detenido.

El número 79 colocado sobre las puertas establecía además una referencia directa al año en que Andy Warhol había realizado su BMW M1, conectando la nueva intervención con una de las piezas fundamentales de la colección. Como había sucedido con Calder, Lichtenstein, Warhol y Holzer, Koons quiso que su obra abandonase el espacio expositivo y compitiese, llevando también su BMW a las 24 Horas de Le Mans.

Esa voluntad de utilizar realmente algunos de los Art Cars es una de las características que mejor diferencia el proyecto de muchas de las colaboraciones entre arte y marcas que llegarían después. La condición artística de estos automóviles no depende de mantenerlos intactos o alejados de aquello para lo que fueron originalmente construidos; en varios casos, la velocidad, el desgaste y la competición forman parte de su propia historia.

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JEFF KOONS
BMW M3 GT2 – 2010

Julie Mehretu y el BMW Art Car número 20

Casi cincuenta años después de la intervención de Alexander Calder, BMW invitó a Julie Mehretu a crear la vigésima pieza de la colección utilizando como soporte un BMW M Hybrid V8. La artista etíope-estadounidense partió de su monumental pintura Everywhen y trasladó sobre la carrocería sus capas de color, líneas, trazos y formas mediante un proceso que permitió adaptar una obra bidimensional a la compleja superficie del prototipo.

El resultado mantiene el lenguaje gestual y estratificado de Mehretu mientras utiliza las propias entradas de aire, curvas y elementos aerodinámicos del automóvil como parte de la composición, haciendo que pintura y objeto resulten difíciles de separar. En 2024, el BMW M Hybrid V8 Art Car participó además en las 24 Horas de Le Mans, recuperando casi medio siglo después la misma idea con la que Hervé Poulain y Alexander Calder habían iniciado el proyecto.

JULIE MEHRETU
BMW M Hybrid V8 – 2024

De Calder a Mehretu: cincuenta años de arte contemporáneo

La colección reúne actualmente veinte automóviles creados por Alexander Calder, Frank Stella, Roy Lichtenstein, Andy Warhol, Ernst Fuchs, Robert Rauschenberg, Michael Jagamara Nelson, Ken Done, Matazo Kayama, César Manrique, A. R. Penck, Esther Mahlangu, Sandro Chia, David Hockney, Jenny Holzer, Olafur Eliasson, Jeff Koons, Cao Fei, John Baldessari y Julie Mehretu, una selección que permite recorrer de manera inesperada algunas de las transformaciones fundamentales del arte durante las últimas cinco décadas.

Pop art, abstracción, fotografía, arte conceptual, tradiciones pictóricas indígenas, instalación, vídeo, realidad aumentada y nuevos lenguajes digitales han terminado conviviendo dentro de una colección cuya única constante es el automóvil utilizado como punto de partida. En 2026, coincidiendo con el cierre de las celebraciones de su 50 aniversario, los veinte BMW Art Cars llegaron a reunirse por primera vez en BMW Welt, en Múnich, permitiendo observar en un mismo espacio hasta qué punto cada artista había llevado el proyecto hacia un territorio completamente diferente.

Precisamente esa ausencia de una estética común explica buena parte de su vigencia. BMW proporcionó a los artistas un objeto industrial extraordinariamente complejo y reconocible, pero fueron ellos quienes decidieron qué hacer con él, convirtiendo sucesivamente el coche en pintura, escultura, fotografía, texto, soporte digital o representación del movimiento.

El automóvil entendido como objeto cultural

La colección adquiere otra dimensión cuando deja de observarse únicamente desde la historia del automóvil y se contempla como parte de la historia reciente del arte y del diseño. El BMW M1 de Warhol consigue representar visualmente la velocidad incluso cuando permanece inmóvil; el 850 CSi de Hockney parece permitirnos atravesar su carrocería con la mirada; el V12 LMR de Holzer convierte una máquina de competición en un soporte para cuestionar el deseo, mientras que el M Hybrid V8 de Mehretu transforma una pintura monumental en una superficie que puede desplazarse a más de 300 kilómetros por hora.

Quizá ahí se encuentre la razón por la que BMW Art Cars continúa resultando relevante cincuenta años después de aquel primer experimento de Hervé Poulain y Alexander Calder. No se trataba simplemente de pedir a artistas importantes que decorasen automóviles, sino de poner en contacto dos disciplinas que trabajan constantemente con la forma, el movimiento, los materiales y la percepción, dejando suficiente libertad para que el resultado pudiera ser imprevisible.

Y en algunos de los mejores casos de esta colección, después de convertir el automóvil en una obra de arte, todavía quedaba hacer aquello para lo que había sido construido: llevarlo a una pista y hacerlo correr.