Dejarlo todo y comenzar un viaje en velero durante tres años y en solitario para dar la vuelta al mundo. Quizá a más de uno se nos haya pasado por la cabeza hacer algo así pero, seamos claros, hay que tenerlos cuadrados para pasar a la acción.

Te presentamos a David Ruiz, el hombre que, contra miedos, dudas y excusas, ha decidido parar completamente su vida para cumplir un sueño.

Puede que su nombre no te resulte conocido pero, de la cabeza de David Ruiz, han salido las campañas publicitarias que han marcado muchas de las decisiones que has tomado con tu tarjeta de crédito durante los últimos años. Es uno de los grandes directores creativos y publicistas del país, con cerca de 119 premios internacionales entre los que se encuentran, por citar algunos, dos leones en el Festival Internacional de Cannes, una medalla de oro del Arts Directors Club de New York o 5 premios Laus de oro en España.

Audi, Camper, ING, Levi’s, Chocolat Factory, Estrella Damm… Son solo algunos ejemplos de marcas con las que Ruiz+Company, el estudio que fundó en Barcelona en 1993, ha llegado a situarse como el “Estudio de diseño de la década” según una encuesta realizada entre más de 5,000 profesionales del sector por la revista El Publicista y que ahora, 25 años después de su apertura, ha puesto en paréntesis para cumplir un sueño vital: Dar la vuelta al mundo en velero, y en solitario, durante tres años.

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¿Cuando surge la idea de comenzar este viaje y cuál ha sido tu principal motivación para hacerlo?

Este es un viaje que me ha rondado por la cabeza yo diría desde los 14 años cuando empecé a leer los viajes de los grandes navegantes solitarios como Slocum, Moitessier, Chichester o Robin Lee Graham con su Dove, que dio la vuelta al mundo en solitario a la edad de 16 años en 1970… Nunca ha sido una obsesión pero siempre ha estado ahí la idea. Mi obsesión en todo caso era cruzar el atlántico en solitario, cosa que pude hacer por primera vez ahora hace 6 años para celebrar mi 50 aniversario. Fue una experiencia maravillosa, y eso contribuyó a que empezara a plantearme más seriamente este viaje.

Lo que siempre he tenido claro es que sólo lo haría si se daban unas determinadas condiciones óptimas, que tienen que ver con la familia, el trabajo y obviamente la economía. Hace aproximadamente un año y medio, me di cuenta que esas condiciones se daban y que podía ser el momento, de manera que tomé la decisión y a partir de ahí empecé a prepararlo. Tengo que decir que lo más complicado ha sido tomar la decisión de dejar en stand by un negocio que funciona perfectamente desde hace 25 años, mi estudio de diseño. Soy consciente de que a mi regreso no será fácil volver a engancharme en la rueda comercial, pero por otro lado he conseguido que esa idea de tener casi que “volver a empezar” sobre todo a mi edad, me motive enormemente y se presente como un gran reto de cara al futuro.

¿Tienes previsto cuánto tiempo durará y los países por los que pasarás? Háblame un poco de tu idea de recorrido…

En la web de mi estudio he colgado un mensaje en la home que explica que para celebrar el 25 aniversario hemos decidido hacer una pausa de 3 años.

Así que de momento he dejado mi negocio en stand by durante 3 años, que es lo mínimo que considero necesario para que esto se convierta en una etapa de mi vida, pero tendría margen para alargarlo 1 o incluso 2 años más. Este margen, me parece importante para poder hacerlo con tranquilidad y sin ningún tipo de agobio. Siempre he pensado que la gente que se toma un año sabático seguramente disfruta a fondo los 6 primeros meses pero que a partir de ahí debe ser inevitable empezar a hacer una cuenta atrás, de manera que los últimos 3 meses quizás se conviertan en una especie de domingo por la tarde gigantesco pensando que mañana volvemos de nuevo al trabajo… Creo que a mí me ocurriría.

Me he trazado una ruta alrededor del mundo, navegando siempre hacia el Oeste, desde Barcelona a Canarias, cruce del Océano Atlántico, Caribe, Canal de Panamá, Galápagos, cruce del Pacífico, Marquesas, Polinesia, Cook, Samoa, Tonga, Nueva Zelanda, Fiji, Nueva Caledonia, Australia, Bali, Cocos, cruce del Indico, Reunión, Madagascar, Cape Town, Santa Helena, Cruce del Atlántico de nuevo, Brasil y cruce del atlántico otra vez ya de vuelta a España seguramente por Las Azores. Esto es una base trazada en función de la meteorología, los vientos, las corrientes, las estaciones de huracanes etc. que me sirve de referencia y porque es fundamental tener una ruta, o mejor dicho una dirección hacia dónde ir, pero a partir de aquí, el verdadero plan es el “no plan”. La idea es vivir el presente e ir tomando decisiones en función de lo que me apetezca en cada momento. Es decir, si por ejemplo me encuentro bien en una determinada zona del caribe y me apetece quedarme por allí 1 año, así lo haré. Dar la vuelta al mundo no es la prioridad. La prioridad es desconectar del trabajo durante un largo periodo de tiempo, romper con todas las rutinas y vivir en pleno contacto con la naturaleza viajando a bordo de mi velero. Quiero ser consciente de que cada mañana sale el sol y cada tarde se pone, sentir el viento y la lluvia, vivir descalzo, huir de la sobre protección a la que estamos sometidos que nos anula en muchas facetas como hombres, quiero ponerme a prueba, sentirme auto-suficiente, sentir la adrenalina, darle intensidad a mi vida.

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“Quiero ser consciente de que cada mañana sale el sol y cada tarde se pone, sentir el viento y la lluvia, vivir descalzo, huir de la sobre protección a la que estamos sometidos que nos anula en muchas facetas como hombres, quiero ponerme a prueba, sentirme auto-suficiente, sentir la adrenalina, darle intensidad a mi vida.”

 

¿Qué dirías que le han aportado la publicidad y el diseño a tu vida?

Soy un privilegiado, trabajo en algo que podría ser perfectamente mi hobby. Mi trabajo ha sido mi obsesión durante más de 30 años. No es lo que me ha aportado, es que la publicidad y el diseño son mi vida, para bien y para mal.

Esta es una profesión apasionante, como cualquier otra profesión creativa. Por la misma razón, es un trabajo que está presente las 24 horas, no existe desconexión alguna y emocionalmente es muy intenso. Puede ser maravilloso y excitante por la mañana y terriblemente frustrante esa misma tarde. La parte emocional juega un papel muy importante.

Es un trabajo muy enriquecedor. Puedo estar creando simultáneamente la identidad corporativa de un banco, la campaña de publicidad para una cerveza, o el packaging de una nueva marca de chocolates al mercado… El trabajar para sectores de la industria tan dispares, hace que sea muy interesante y que nunca nos aburramos.

Por otra parte es un trabajo que me ha permitido viajar mucho e involucrarme en proyectos de gran magnitud, con proyección internacional, colaborando muchas veces con gente a la que admiro profesionalmente, como fotógrafos de primer nivel, realizadores o directores de cine.

Pertenezco a una generación que vivió el boom del diseño en España, que coincidía además con la época dorada de la publicidad en nuestro país, de manera que si uno se dedicaba en cuerpo y alma a trabajar duro, te podías ganar bastante bien la vida. Digamos que he sido y soy un currante que estaba en el lugar adecuado en el momento preciso. Sólo había que aprovecharlo, eso sí, con la condición de dejarte la piel.

¿Hay algo a lo que hayas tenido que renunciar por tu trabajo?

No le puedo reprochar nada a mi profesión y a mi trabajo. En todo caso, el hecho de haber sido un workaholic durante tantos años, (ya no lo soy!), seguramente ha hecho que me perdiera muchas cosas en esta vida, pero nunca me he sentido prisionero de mi trabajo, y cuando he sentido que la rutina o la monotonía se apoderaban de mí, nunca he tenido miedo de hacer cambios drásticos que a lo mejor implicaban arriesgar la “zona de confort” en la que estaba instalado, guiándome siempre más, por el corazón que por la razón. Por ejemplo, dejar clientes que económicamente me dan mucho, pero que creativamente ya no me permiten aportar nada, o aprender a decir que no a proyectos donde puedo ganar mucho dinero pero que sé de ante mano que me van a castrar la creatividad. Esta actitud me ha funcionado siempre para mantener a tope la motivación y la ilusión, que son esenciales para hacer un buen trabajo, y por otra parte ha hecho que Ruiz+Company tenga un posicionamiento en el mercado muy claro.

En lo que llevas de viaje ¿Cual ha sido el momento más duro?

El cruce del Atlántico entre Lanzarote y Martinica ha sido especialmente complicado.

Este ha sido mi tercer cruce en solitario, y a pesar de que la segunda vez que lo crucé, ahora hace 3 años, me rompí los tendones del bíceps y las pasé canutas durante diez días hasta que llegué al Caribe, yo diría que esta vez ha sido más duro porque he tenido algunos problemas técnicos y durante prácticamente los 18 días de travesía los vientos han soplado sin tregua entre los 25 y los 30 nudos, lo que ha generado unas olas de 4 a 6 metros, día y noche, y esto me ha dejado extenuado física pero sobretodo psíquicamente.

Cuando preparas un viaje de esta magnitud, sabes que te puedes encontrar en situaciones muy complicadas. Esto es una aventura y como tal sabes que vas correr algunos riesgos. Yo acostumbro a hacer una lista de “cosas que pueden pasar o salir mal” e intento visualizarlas mentalmente, imaginando que haría en cada una de esas situaciones. Esto me ayuda mucho, ya que de alguna manera te estás preparando mentalmente para lo que sea y si se da el caso, ya no te pilla por sorpresa si no que es algo que de alguna forma ya lo has empezado a asimilar.

En este sentido, no he tenido ninguna sorpresa puesto que encontrar estas condiciones es algo que entra dentro de la normalidad, pero me hubiera gustado tener menos viento y sobretodo olas más pequeñas para ir más relajado básicamente para poder solventar mejor los problemas técnicos que he sufrido y que en definitiva es lo que me ha machacado mentalmente.

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“Cuando preparas un viaje de esta magnitud, sabes que te puedes encontrar en situaciones muy complicadas. Esto es una aventura y como tal sabes que vas correr algunos riesgos. Yo acostumbro a hacer una lista de “cosas que pueden pasar o salir mal” e intento visualizarlas mentalmente, imaginando que haría en cada una de esas situaciones.”

 

¿Y que es lo que más te motiva para continuarlo?

Hoy por hoy sigo motivado al 100% como el primer día. Son inevitables los bajones, pero estos quedan más que compensados por los momentos de euforia y la gratificación que genera el ir ganando pequeñas batallas. Por otra parte estoy mentalizado de que esto no es simplemente un viaje, sino que es una etapa de mi vida y como tal tendrá sus momentos de crisis así como sus alegrías.

Si cayera en un periodo largo de desmotivación y esto perdiera su sentido, no tendría ningún problema en decir “hasta aquí he llegado” y que me quiten lo bailado. No pienso sufrir más de la cuenta.

¿Has pensado aquello de “en buena hora se me ocurrió…”?

Esto se piensa a menudo, pero precisamente como se piensa a menudo ya sabes que es pasajero y yo personalmente cuando llega este momento me lo tomo con bastante ironía. Las emociones están disparadas, y sabes que vas a pasar de la euforia al desencanto o incluso al arrepentimiento muy fácilmente. Se trata de tener las ideas claras y de que la balanza siempre pese más por el lado de lo bueno. Si fuese al contrario, habría que empezar a hacer una reflexión importante.

A nivel personal ¿que esperas conseguir con tu viaje?

Aprender de la vida, vivir nuevas experiencias, crecer como persona.

Me gustaría llegar a los últimos días de mi vida con la sensación de que la he vivido plenamente, de que la he aprovechado, me gustaría llegar a esa fase en un estado de tranquilidad espiritual absoluta. Esto es una pretensión muy ambiciosa, lo sé, pero estoy en ello, y este viaje es una de las cosas que sé qué debo hacer para caminar en esa dirección.

Si quieres conocer mejor el trabajo de David Ruiz y seguir su viaje, date una vuelta por la web de Ruiz+Company.

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