En una industria obsesionada con reinventarlo todo, Dunhill encuentra valor en recordar quién era el hombre elegante antes de que la moda empezara a gritar
La moda masculina atraviesa uno de esos momentos de cambio silencioso que suelen pasar desapercibidos hasta que, años después, alguien los señala como el inicio de una nueva etapa. Tras una década dominada por el streetwear, las zapatillas convertidas en símbolo de estatus y una obsesión casi compulsiva por la novedad, cada vez más firmas parecen mirar hacia otro lugar. La colección Primavera-Verano 2027 de Dunhill, presentada durante la Milano Fashion Week, no busca competir en la carrera por la atención inmediata. Hace exactamente lo contrario. Propone una reflexión pausada sobre la elegancia masculina y recupera la figura del hombre que entiende el vestir como una extensión natural de su personalidad y no como una estrategia para destacar.

Simon Holloway y la construcción de una nueva masculinidad clásica
Desde su llegada a la dirección creativa de la casa británica, Simon Holloway ha desarrollado una visión muy concreta de lo que debe ser Dunhill. Su trabajo no consiste en reinterpretar los códigos tradicionales para hacerlos parecer contemporáneos, sino en demostrar que nunca dejaron de serlo. Para esta temporada, el diseñador continúa explorando la identidad masculina británica tomando como referencia figuras tan distintas como Roger Moore, Lucian Freud o Lord Snowdon, personajes unidos por una elegancia profundamente personal y ajena a las tendencias pasajeras.
Lo interesante es que ninguno de esos referentes aparece de forma literal. No hay nostalgia evidente ni reconstrucciones históricas. Lo que emerge es una actitud. La de hombres que se movían entre Londres, la costa mediterránea, clubes privados, galerías de arte o cenas interminables sin necesidad de cambiar de personaje según el contexto. Una generación que entendía la sofisticación como algo cotidiano.







La gran protagonista de la colección: la americana azul marino
Si hubiera que resumir toda la colección en una sola prenda, probablemente sería el blazer azul marino. El propio Holloway la ha definido como una especie de carta de amor a esta pieza fundamental del armario masculino. Sin embargo, no aparece únicamente en su versión más tradicional. La colección la reinterpreta constantemente a través de tejidos excepcionales, nuevas proporciones y variaciones cromáticas que van desde el azul marino clásico hasta tonalidades aguamarina mucho más luminosas.
Al observar las imágenes resulta evidente que Dunhill apuesta por una sastrería extremadamente precisa pero nunca rígida. Las chaquetas mantienen estructura y presencia, aunque se combinan con pantalones más relajados, camisas abiertas, cuellos de punto y pañuelos anudados con una aparente despreocupación que en realidad está cuidadosamente estudiada.









El detalle más importante no es una prenda: es el foulard
Mientras muchas marcas siguen buscando el próximo accesorio viral, Dunhill encuentra uno que lleva más de un siglo existiendo. Los foulards, bufandas ligeras y pañuelos aparecen en prácticamente toda la colección y funcionan como un hilo conductor que conecta los distintos looks.
No se utilizan como elementos decorativos sino como sustitutos de la rigidez que históricamente representaba la corbata. En algunos casos acompañan a trajes de lino. En otros aparecen sobre camisas abiertas o bajo chaquetas cruzadas. El resultado transmite una sensación muy concreta: la de alguien que conoce perfectamente las reglas del vestir formal pero ya no necesita seguirlas al pie de la letra.
Es una de las tendencias más interesantes vistas hasta ahora en las colecciones masculinas para 2027 y probablemente una de las más fáciles de trasladar a la vida real.



Entre Londres y la Riviera
Visualmente, la colección se mueve entre dos mundos. Por un lado aparecen los grises, los tonos tabaco, los azules oscuros y las referencias al Londres elegante de los años ochenta. Por otro, emerge una faceta mucho más luminosa construida a través de blancos marfil, azules cielo, turquesas y tejidos ligeros que parecen pensados para pasar del yate a una cena frente al mar sin necesidad de cambiar de ropa.
Las imágenes transmiten constantemente esa sensación de viaje. No el viaje entendido como aventura, sino como estilo de vida. El hombre Dunhill parece desplazarse entre hoteles históricos, puertos deportivos, clubes privados y terrazas frente al Mediterráneo con la misma naturalidad con la que otros cambian de barrio.

La noche vuelve a ser elegante
Uno de los momentos más interesantes de la colección aparece cuando la firma introduce referencias al universo del juego y la vida nocturna. Los motivos inspirados en naipes, presentes en algunos jacquards y tejidos de seda, recuperan una dimensión lúdica que rara vez aparece en la sastrería contemporánea.
Los esmóquines, las chaquetas de noche y las batas confeccionadas en seda dupioni tejida en telares históricos de los años sesenta suavizan los códigos tradicionales del black tie sin renunciar a su sofisticación. No buscan parecer modernos. Buscan parecer eternos.
Lo que Dunhill entiende antes que muchas marcas
La colección SS27 deja una sensación muy clara: la moda masculina está empezando a cansarse del ruido. Frente a la espectacularidad constante que ha dominado la conversación durante los últimos años, Dunhill propone una elegancia basada en el conocimiento, la experiencia y la confianza.
No hay logotipos protagonistas, ni colaboraciones diseñadas para generar titulares, ni ejercicios de provocación. Lo que aparece es algo mucho más difícil de construir: carácter.