Un japonés con ritmo de barrio: así es El Japonés Arc de Triomf en Barcelona

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Barcelona atraviesa un momento curioso gastronómicamente hablando. Después de años obsesionada con el restaurante impecable, el menú excesivamente conceptual y cierta idea del lujo silencioso, parece que la ciudad empieza a recuperar el apetito por algo menos impostado: lugares con energía, mesas donde pasan cosas y restaurantes que no tienen miedo a parecer vivos.

Quizá por eso la apertura de El Japonés Arc de Triomf resulte interesante. No porque Barcelona necesitara otro restaurante japonés —probablemente sea una de las categorías gastronómicas más repetidas de la ciudad— sino porque este nuevo espacio de Grupo Tragaluz parece entender bastante bien algo que no siempre sucede: un restaurante no funciona solo por lo que sirve, sino por cómo se relaciona con el barrio donde aterriza.

A pocos pasos del Arc de Triomf, en pleno passeig de Sant Joan, este nuevo El Japonés se instala en una zona que lleva tiempo encontrando un equilibrio raro —y bastante atractivo— entre la Barcelona de siempre y la Barcelona que todavía sigue cambiando. Familias del barrio, estudiantes internacionales, diseñadores, gente que trabaja en creativo, turistas algo más curiosos y locales que aún conservan cierta vida de calle. Todo sucede aquí al mismo tiempo. Y el restaurante parece construido precisamente para formar parte de ese movimiento.

Un restaurante japonés en Barcelona donde el ambiente importa tanto como la comida

La primera sensación al entrar no es la del japonés minimalista y ceremonioso que durante años dominó la ciudad. Aquí hay otra energía. Más ruido, más tránsito, más platos compartidos y una sensación deliberadamente informal que conecta bastante más con un izakaya urbano que con la solemnidad gastronómica.

Una barra de sushi abierta al comedor, lámparas suspendidas, mesas con movimiento continuo y una terraza mirando al Arc de Triomf construyen un espacio que parece diseñado para quedarse más tiempo del previsto. Porque sí, se puede venir a cenar rápido, pero da la sensación de que funciona mejor cuando la noche se estira un poco y empiezan a llegar platos “para probar”.

Hay algo interesante en cómo Grupo Tragaluz ha planteado esta apertura: en lugar de perseguir una fantasía japonesa demasiado literal, el local acepta que está en Barcelona y juega con ello. El resultado tiene más de restaurante vivido que de escenografía temática.

Qué pedir en El Japonés Arc de Triomf

La carta se mueve entre clásicos reconocibles y algunos platos que ya forman parte de la identidad histórica de El Japonés. Las gyozas caseras siguen funcionando como uno de esos pedidos inevitables, igual que el okonomiyaki —esa mezcla entre tortilla y pizza japonesa— que aquí aparece con bacon, katsuobushi y aonori. Los yakisoba y el kimchi yakimeshi mantienen también ese punto reconfortante de cocina japonesa pensada para compartir más que para analizar demasiado.

El sushi, naturalmente, tiene bastante protagonismo, aunque sin caer en el exceso de fuegos artificiales que últimamente parecen inevitables en algunos japoneses urbanos. Entre los nigiris destacan el crujiente de atún rojo sobre galleta de arroz con aguacate y kizami wasabi, el toro ligeramente soasado o la anguila unagi kabayaki. En los rolls, el spicy tuna bluefin, el uramaki mediterráneo con tataki de atún y el jalapeño roll de pez limón aportan suficiente variedad para construir una comida larga sin sensación de repetición.

Incluso aparece una burger teriyaki que, sobre el papel, podría sonar fuera de lugar, pero que probablemente encaja bastante bien con ese espíritu de restaurante menos ortodoxo y bastante más relajado.

El regreso del restaurante donde quedarse

Quizá lo más interesante del nuevo El Japonés no sea tanto la comida —que cumple con solvencia lo que promete— sino la sensación de lugar. De restaurante pensado para volver sin necesidad de una gran excusa. Algo que, en ciudades como Barcelona, termina siendo mucho más difícil de encontrar de lo que parece.

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Porque al final uno siempre recuerda menos lo espectacular que lo habitable. Y este nuevo El Japonés parece moverse precisamente ahí: en ese terreno donde una cena improvisada acaba convirtiéndose en plan y donde la terraza, el ruido de fondo y otra ronda de nigiris terminan ganándole tiempo a la noche.