El mexicano, que asegura que sus manos hablan, se ha encargado de transformar la entrada principal del hotel The Madrid EDITION con Encuentros en Color, una explosión cromática con la que celebrar el Orgullo.
Entrevista Marita Alonso
“Madrid se camina mejor cuando vas de colores”, dijo Emmanuel Carvajal el año pasado. 365 días después, comprobamos con alivio que su discurso no ha cambiado y que sigue apostando por el color en un mundo empeñado en acariciar los grises. “Cuando crecí nunca sentí que tuve un hogar, y es por eso que ahora me gusta habitar los espacios de una manera más consciente y sentir que cada cosa que hay aquí tiene una historia y un porqué”, dice el mexicano, que con su última intervención ha invitado a vivir el Pride a través del arte, el color y la expresión personal. Hablamos con él acerca de su último trabajo y de cómo es ver la vida no de color de rosa, sino de todos los colores del mundo. Un adelanto: su voz ya tiene color.

El artista Emmanuel Carvajal junto a una de las obras expuestas en The MADRID EDITION
Entrevista con Emmanuel Carvajal
Tu intervención artística en The Madrid EDITION para celebrar el Orgullo LGTBIQA+ convierte el hotel en un espacio de expresión y visibilidad. ¿Cómo nació esta colaboración y qué querías contar con ella?
Tenía súper ubicado el hotel y era consciente de que siempre hace intervenciones artísticas con diferentes artistas con distintos tipos de pintura. Quería introducir mi imaginario de una manera muy colorida y visual, ya que ese es mi sello. Quería que las conexiones de toda la comunidad, que está unida, estuviera presente. Todo ha salido de una serie que se llama Todos estamos conectados. Son cuadros inspirados en contextos, ciudades o espacios en los que he estado a lo largo de mi vida. Me he inspirado en toda la gente que conozco y que ha sido parte de algún momento de mi vida. Todo eso lo he trasladado al hotel mediante formas, líneas, colores y sobre todo, con las historias compartidas que tiene cada persona que va al hotel. Aunque no conoces a la gente que va, considero que al final todos tenemos cosas en común y creamos una red de apoyo importante que nos sostiene alrededor de lo que estamos viviendo. Es una especie de energía compartida.




¿Crees que el arte puede generar conversaciones sobre diversidad y libertad o le pedimos demasiado si pensamos que puede cambiar el mundo?
Yo creo que sí puede. El arte puede generar muchas conversaciones. Es parte de un proceso que tenemos que vivir: a veces se nos olvida que somos parte del cambio. Puede ser que igual ahora no genere como tanto impacto como tal vez quisiéramos que tuviera, pero al final estamos siendo parte de un cambio y de un proceso que está abriendo puertas para que en el futuro, puedan cuestionarse las cosas. Lo que nos toca ahora es dar voz a todas esas cosas que existen y que a veces, por más que creamos que ya tienen voz y que son temas de los que ya se habla, están algo acallados. Se puede generar impacto a través del arte y de todo lo que hacemos y al mismo tiempo, pienso también que es parte de un camino. Tenemos que ir abriendo puertas como personas creativas y como parte de la comunidad para ir apropiándonos y habitando espacios que son nuestros.
Comenzaste interviniendo digitalmente las fotografías y reimaginando espacios con el color. ¿Qué te llevó a dar un paso más allá y hacerlo también en el mundo real?
En realidad ha sido un mix un poco extraño. Yo todo lo hacía digital y siento que lo que pasó es que mis manos hablaron. De hecho, creo que mis manos siempre han hablado y en la pandemia, cuando me quedé encerrado, me puse a pintar. No había agarrado una brocha en mi vida. Por eso digo que fueron mis manos las que empezaron a hablar; yo siempre he sido muy autodidacta en todo lo que hago. Mis manos son las que me van guiando y trato de ir escuchando lo que mi cuerpo me va contando. Siempre he visto la vida de colores y se me desbloqueó la creencia de que existía la posibilidad de llevarlo a la realidad. Esta creencia hizo un switch y me hizo ver que podía salir al mundo, pintar y crear lo que existe en mi cabeza.

¿Cómo has logrado alcanzar el complicado equilibrio entre respetar la identidad de un espacio como es The Madrid EDITION y mantener tu propio lenguaje artístico?
Yo lo entendía como un espacio de tránsito humano y también emocional. Son muchas historias, mucha energía y muchas personalidades conviviendo pero de una manera muy temporal en la que al final, todo está unido y está creando una atmósfera que puede ser transformada en algo más o más dinámico. He querido que esté presente el sentido de comunidad, porque eso es el Orgullo y esa es la celebración de lo que somos.
El otro día, hablando con la dramaturga Marta Pazos, me dijo que nos están robando el color.
Ella me encanta. Creo que nos están haciendo creer que cuanto más blanco sea algo, es de mejor gusto. Sobre todo en el lujo hay este empeño en apostar por el minimalismo y en hacernos creer que el blanco es el color del buen gusto. Diría que estamos en una etapa en la que se está cada vez reafirmando más las creencias de que el color tiene que ser menos utilizado. Yo creo que hay que luchar por los colores porque nos alegran y nos transforman la vida. Sin embargo, no les damos el valor que en realidad tienen.

Ahora que hablas de buen gusto, ¿cómo lo definirías?
El buen gusto es personal. Cada persona tiene un concepto diferente y a veces eso es lo que se nos olvida recordar, que el buen gusto es algo que cada uno adquiere y que es la esencia de cada persona.
Luego están esas casas clónicas, minimalistas, soporíferas.
Siento que en este momento la gente está luchando más por seguir una tendencia que por habitar un espacio que le haga estar cómoda. Se empeñan en crear espacios para las fotos, para que todo el mundo piense que tienen un hogar lindo e incluso para creer que están en un espacio soñado. Se nos olvida habitar los espacios y eso implica incluir todas las cosas que quieras meter. En México hay una expresión que dice “chile, mole y pozole”. En mi casa hay chile mole y pozole porque yo voy cada vez trayendo diferentes cosas que quizás en el momento parecen no tener tanto sentido pero de repente, todo hace match y hace que una casa sea especial y que sea verdaderamente un hogar. A veces se nos olvida entender que tenemos que tener en el espacio cosas que nos gusten, porque eso es lo que nos hace diferentes y lo que hace que un hogar sea tuyo.

De hecho tu vida ha estado llena de mudanzas. ¿Cómo se logra sentir que un sitio es un hogar pese a que no vayas a pasar mucho tiempo en él?
¡Qué fuerte y qué bonita es esta pregunta! Aunque vayas a estar cinco días, diez o un mes, tienes que habitar el espacio sin tener miedo de poner una foto o cambiar algo. Algo que le pasa mucho a la gente es que me dice que le encanta mi casa, pero que no podría hacer algo así en la suya porque en realidad, no es ‘suya’. Y yo pienso que si estás ahí en ese momento, ¿por qué no lo habitas? ¿Por qué tienes miedo de hacerlo tuyo? Se trata de habitar los espacios sin pensar en el tiempo que vas a pasar en ellos. Es un regalo que nos podemos dar a nosotros mismos.
¿Crees que emplear el color en momentos como este es casi un acto de resistencia?
Muchísimo. Vemos que en las tendencias del Pantone cada vez es más común que el color del año tire hacia lo perla, hacia lo blanco y hacia lo clarito. Hay que luchar y reivindicar los colores porque al final son identidad y esencia. El color es la mezcla de todas las culturas y de todo con lo que nosotros nos estamos empapando.
Tu primera gran colaboración llegó con el El Hotel del Ganzo, en San José del Cabo. Ahora que has colaborado con The Madrid EDITION, al echar la vista hacia atrás, ¿qué piensas de todo este tiempo que ha pasado?
Me gustaría tener una mayor apertura visual. Creo que cada vez están más abiertos a la posibilidad de crear espacios diferentes. Siento que está es una oportunidad para los que somos coloridos, extravagantes y queremos más explosión de color en el mundo. En la vida hay que luchar por reivindicar los colores.