HUMBE y el arte de convertir la vulnerabilidad en identidad

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Con motivo de su pasada gira por España, el artista mexicano HUMBE habla con MADMEN sobre masculinidad, emociones, moda y el proceso de construir un universo creativo propio.

La música de HUMBE no solo se escucha: también se observa. Hay una estética reconocible, un imaginario que mira al cine, una narrativa donde lo espacial, lo emocional y lo íntimo conviven de forma natural.

En un momento en el que la inmediatez domina la industria musical, el artista mexicano ha encontrado un espacio desde la sensibilidad. Sus canciones hablan de renacer, de reconstruirse y de entender que la vulnerabilidad no es una debilidad, sino una parte imprescindible del crecimiento. Esa misma mirada atraviesa también su forma de vestir, de crear y de entender la identidad artística.

Con Dueño del cielo, HUMBE ha consolidado un proyecto que trasciende las canciones para convertirse en un universo creativo propio. Con motivo de su gira por España, conversamos con él sobre inspiración, masculinidad, moda, redes sociales y ese proceso de desaprender todo aquello que durante años se entendió como «ser hombre».

Entrevista con HUMBE

Tu universo visual tiene algo muy cinematográfico, casi de sueño o de recuerdo. Si tu música fuera una película, ¿qué atmósfera tendría?

Sin duda creo que mi película tendría una atmósfera muy estilo Dune o Interestelar. Siento que se va mucho a lo atmosférico, a lo espacial, al minimalismo pero a la vez a la complejidad. Siento que todavía yo lo estoy entendiendo, todavía estoy tratando de conceptualizar lo que esto está trayendo a la mesa.

La estética de tu proyecto está muy trabajada. ¿Qué papel juega la imagen en tu forma de contar historias?

Creo que la imagen de una persona debe ser coherente con lo que siente y vive en cada etapa de su vida. Cuando aportas algo artístico, como la música, y lo haces desde un lugar genuino y auténtico, es inevitable que eso también se refleje en tu forma de vestir y en cómo te presentas al mundo. Para mí, la imagen es una extensión natural de la música, porque ambas nacen de lo que estás viviendo y experimentando en ese momento. Todo forma parte de tu esencia.

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¿Qué referencias —música, cine, fotografía, moda o incluso recuerdos personales— han construido tu imaginario?

El vivir y experimentar es lo que va construyendo a un artista y a una persona: desde el dolor, la alegría, los momentos tristes y los felices. Para mí, la inspiración es el lenguaje del mundo. Es algo que aprendí mucho de El Alquimista, de Paulo Coelho. Cuando logras conectarte con la frecuencia en la que vibra el mundo y empiezas a entender cómo todo está relacionado, encuentras inspiración en cualquier lugar.

Tu generación parece vivir la emoción de una manera distinta, más abierta y vulnerable. ¿Crees que la masculinidad está cambiando o seguimos arrastrando muchos códigos antiguos?

Desgraciadamente sí seguimos arrastrando códigos antiguos, pero también hay un movimiento mucho más grande hacia la apertura emocional. Hoy en día se gritan más los sentimientos reales, y eso es algo de lo que estoy muy agradecido. Uno no tiene por qué sentirse esclavizado por los estigmas o las expectativas de la sociedad; cada quien debería poder expresar su verdad y hasta escupir su mensaje.

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¿Qué cosas has tenido que desaprender sobre lo que significa «ser hombre»?

Creo que lo principal que he tenido que desaprender es ocultar mis sentimientos. No debemos ocultar nuestras emociones. Creo que los hombres tendemos a querer vernos más fuertes, a que siempre nos perciban como poderosos, pero cuando te desprendes de esa idea, te das cuenta de que todos somos humanos y de que tenemos que sentir todo tipo de emociones. Tenemos que llorar, hacer corajes y compartir nuestra felicidad. No se puede experimentar una emoción sin las demás. Aprender a aceptar cada una de ellas y sacarles provecho es lo que nos permite encontrar el balance.

Tus canciones conectan con emociones muy íntimas. ¿Hay algo que todavía te cueste especialmente poner en palabras fuera de la música?

Honestamente, no. Creo que ya pasé esa etapa en la que temía hablar de ciertos temas. Hoy en día trato de ser muy honesto conmigo mismo y con los demás, así que no siento que haya algo que no pueda poner en palabras, ya sea en una canción o fuera de ella.

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Dueño del cielo tiene un imaginario muy potente, casi espiritual. Cuando piensas en ese concepto, ¿hablas de ambición, libertad, refugio o de algo completamente distinto?

Dueño del cielo habla de todo eso: de la ambición, la libertad y el refugio. Pero también creo que todas esas ideas se juntan y terminan en algo más grande: el renacimiento. En volver a encontrarte contigo mismo y entender que, para llegar otra vez a un lugar de felicidad, a veces tienes que reconstruirte desde cero. Entender que el crecimiento y el cambio son procesos necesarios para poder evolucionar.

Muchos músicos acaban convirtiéndose en personajes. ¿Qué partes de Humberto siguen intactas cuando desaparece el artista?

El humor. Siento que el humor es algo que me gusta conservar como un tesoro, guardado en una cajita de cristal. Siento que es algo que nunca debes perder, esa chispa de reírte de la vida, de ti mismo, de todo lo que pasa. Al final de cuentas, nada es tan serio como a veces creemos.

La moda masculina vive un momento más emocional y menos rígido. ¿Qué papel juega la ropa en cómo te expresas?

Definitivamente los pantalones baggy. Es lo más a gusto que he descubierto en mi vida. No hay algo con lo que no queden bien y, además, son cómodos. Pero, más allá de eso, creo que la moda complementa el mensaje de mi música. Es una extensión visual de mi proyecto y de mi identidad artística.

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Estás viviendo una expansión internacional importante. ¿Cómo se evita perder identidad cuando todo empieza a crecer tan rápido?

No ver redes sociales y enfocarte en lo que realmente importa.

Esta gira te trae a España, con fechas en Madrid y Barcelona. ¿Qué relación tienes con nuestro país y qué te interesa culturalmente de aquí, más allá de los conciertos?

Me interesa conocer todo lo que pueda. Estoy enamorado de cualquier lugar donde pueda caminar a todos lados, y Barcelona y Madrid tienen justamente eso. De hecho, estoy en Barcelona ahorita y me enamoré de la ciudad desde la primera vez que vine hace unos años. No he podido venir tantas veces como me gustaría, pero cada vez que regreso me llevo una sorpresa muy bonita. Me encantan las calles llenas de flores, la arquitectura, la comida, las terrazas y esa forma tan auténtica de vivir la ciudad.

Cuando se apagan las luces del escenario y termina el ruido, ¿qué cosas hacen que te sientas realmente en paz?

Mi familia. Darle un abrazo a mi familia hace que todo vuelva a sentirse normal, como si todo hubiera sido únicamente una prueba de sonido. Ellos humanizan toda la experiencia.

Si alguien descubriera hoy tu música por primera vez, ¿con qué canción le dirías que empezara para entender realmente quién eres?

Uf… creo que Dueño del cielo. Es una de las canciones que más ha trascendido en mi corazón, en mi cabeza y en mi esencia. Para mí es una guía. Tiene algo de magia y siento que siempre va a tener algo que decirme. La escuche hoy o dentro de diez años, seguirá siendo una canción atemporal.