Lamentamos contradecir a la OMS, pero estamos seguros al 99% que lo que ha pasado es que no han probado el jamón de bellota bueno.

Por que, no solo es que no sea sano, es que el consumo equilibrado de grasas en la dieta es esencial pero se deben elegir grasas saludables, como el ácido oleico, cuya principal virtud es su capacidad para disminuir el riesgo de aterosclerosis y de enfermedades coronarias del corazón. El jamón ibérico de bellota destaca por su alta concentración de ácido oleico, sólo superado por el aceite de oliva.

Y tenemos evidencias científicas…

El ácido oleico es un ácido graso monoinsaturado que incrementa lo que conocemos como “colesterol bueno”, es decir, las lipoproteínas de alta densidad (HDL). El origen del alto contenido en ácido oleico del jamón ibérico de bellota está, precisamente, en las bellotas, que presentan tasas de este ácido graso cardiosaludable por encima del 65%. Por eso, los cerdos ibéricos que se alimentan de ellas en las dehesas, presentan en su carne tasas de ácido oleico de en torno al 55%.

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Las grasas son necesarias pero ¡hay que saber elegirlas!

Según nuestra asesora, la doctora en Ciencias de la Alimentación del Instituto de Investigación en Ciencias de la Alimentación (CIAL;CSIC-UAM), Marta Garcés, es extremadamente importante saber elegir el tipo de grasas que se ingieren, ya que un factor de riesgo descrito y bien establecido en la literatura científica es el consumo de grasas saturadas y grasas trans. Éstas influyen sobre los niveles de lípidos en la sangre aumentando, entre otros, lo que conocemos como “colesterol malo”, es decir, las lipoproteínas de baja densidad (LDL). Además, estas “grasas malas” contribuyen a la formación de placas de ateroma en las arterias, que a su vez se relaciona con el aumento de la presión arterial, aumento de la respuesta inflamatoria o la disfunción endotelial, desórdenes que favorecen la progresión de las enfermedades cardiovasculares. Por eso, para reducir potencialmente el riesgo de desarrollar este tipo de patologías, es recomendable sustituir esos ácidos grasos saturados en la dieta por ácidos grasos monoinsaturados y ácidos grasos poliinsaturados. Dentro de los monoinsaturados destaca el ácido oleico que incrementa el “colesterol bueno” (las lipoproteínas de alta densidad (HDL)) y contribuye así a disminuir el riesgo de aterosclerosis y de enfermedades coronarias del corazón. Por otro lado, también son recomendables los ácidos grasos poliinsaturados por sus propiedades cardiosaludables. Entre ellos destacan el omega 3 y el omega 6, ácidos grasos esenciales que también disminuyen los niveles de “colesterol malo”.

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