Gucci hombre FW26: La era Demna en Gucci comienza con ruido (y eso es el punto)

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Demna Gvasalia y su arriesgada primera colección masculina para Gucci

Fotos / GUCCI INSTAGRAM

Cuando Demna Gvasalia fue nombrado director creativo de Gucci, muchos vieron en él al diseñador capaz de devolver vida a una casa en profunda crisis económica y cultural. Procedente de una década revolucionaria en Balenciaga y cofundador de Vetements, Demna siempre ha polarizado: algunos lo consideran un genio que rompió moldes, otros lo ven como el responsable de vulgaridad y espectáculos sin sustancia. Pero su llegada a Gucci no fue casualidad.

Gucci llevaba años navegando entre nostalgia, rentabilidad y falta de visión clara tras la era de Alessandro Michele. La venta de la marca cayó de forma dramática, forzando al grupo propietario —Kering— a buscar una figura capaz de reencender la conversación global, y Demna, con su historial de generar momentos virales, fue la elección audaz.

El resultado ha sido su colección Gucci hombre FW26, presentada en la Milan Fashion Week, un desfile que desde su apertura ha sido tan celebrado como criticado: desde señalamientos de hipersexualización hasta acusaciones de ser una copia pandémica del Gucci de Tom Ford, la era en que la marca definió el ideal de masculinidad glamuroso y provocativo en los años 90.

La estética de Demna: entre la viralización y la crítica

La colección, bajo el título Primavera o dentro de la narrativa de “La Famiglia”, conjuga arquetipos sociales con una visión de lujo “sin filtros”: camisetas ajustadas que enfatizan la musculatura, pantalones de tiro bajo, piezas transparentes y siluetas que evocan clubwear junto a blazers clásicos o prendas de sastrería reinventada. Muchos críticos consideran que este enfoque roza lo vulgar o lo “barato”, acusándolo de replicar con más ruido que contenido lo que Tom Ford logró hace décadas con Gucci.

Pero reducir su propuesta a la provocación superficial sería perder de vista el contexto. Demna viene de una trayectoria forjada en la subversión del sistema de la moda: desde Vetements, con su estética anti-glamor que ironizaba sobre los códigos del lujo, hasta Balenciaga, donde impulsó iconos que dialogaban directamente con la cultura popular y el mundo digital.

Esa historia personal explica mucho de por qué su versión de Gucci puede sentirse chocante: no proviene de un universo que reverencia la elegancia tradicional, sino de uno que la interroga, la deconstruye y la expone. Su elección por piezas sexualizadas, prendas ajustadas o referencias superficiales puede verse no solo como un intento de recuperar las ventas —que efectivamente eran urgentes— sino como un reflejo de una cultura mediática que premia la viralidad y el impacto inmediato.

El cliente existe

Una de las críticas más ácidas de esta colección masculina ha sido la acusación de “ser ropa de club” o “moda barata disfrazada de lujo”. Pero ese juicio olvida algo que Gucci y Demna saben muy bien: sí existen clientes que quieren y comprarán estos looks. La moda no solo se crea para una elite teórica, sino para quienes tienen el poder adquisitivo y cultural para adquirirlos. Y Gucci, después de todo, sigue siendo una marca de lujo con un público real — con deseos específicos, aspiraciones visibles y presencia en redes que trasciende las pasarelas.

Por eso no sorprende que Demna haya apostado por piezas hipersexualizadas y estéticamente “excesivas”: está dirigiéndose a un consumidor que vive en TikTok, que comparte imágenes, memes y que convierte productos en fenómenos en cuestión de horas. En ese sentido, su colección ha cumplido su objetivo estratégico: generar conversación, viralizarse y poner a Gucci de nuevo en el centro de la cultura pop y del debate de la moda contemporánea.

En busca de equilibrio: herencia y controversia

Algunos de los looks FW26 para hombre claramente rinden homenaje al pasado de Gucci, especialmente al espíritu sensual que caracterizó la era de Tom Ford. Prendas con transparencias, cuero, cortes sugestivos o referencias directas a la estética de los 90 evocan esa era de glamour sexualizado, intensificado ahora por una generación digital que celebra la provocación visual.

Pero a diferencia de Ford, cuya visión surgía de una reinterpretación elegante y perfectamente cohesionada del estilo americano y europeo, Demna inyecta caos calculado, mezcla códigos de streetwear, culturiza piezas de lujo y las descontextualiza para provocar. Esto puede sentirse contradictorio —provocador por provocador— pero también es una lectura honesta de la moda del siglo XXI: fragmentada, influenciada por internet, y constantemente mediada por el público y los medios.

¿Moda real o moda espectáculo?

La moda masculina de Gucci FW26 no tiene una sola interpretación. Para algunos, es una colección que apunta a lo grotesco y a lo vulgar; para otros, es un reflejo sincero de una sociedad hiperconectada en busca de símbolos de estatus cada vez más audaces.

Lo cierto es que, después de años de estancamiento y debates sobre la irrelevancia de las grandes casas de moda, el impacto de Demna ha sido inmediato. El desfile ha llenado titulares, generado memes, aplausos y críticas. Y eso, en una industria que durante tanto tiempo ha intentado huir de la realidad para abrazar discursos cada vez más técnicos o herméticos, es un signo de que algo profundo está cambiando.

En un momento en el que la moda lucha por ser tanto arte como negocio, Demna ha traído a Gucci una colección que, si bien puede ser divisiva, no puede ignorarse.