La colección Primavera/Verano 2027 de Maison Margiela traslada al prêt-à-porter masculino la tensión entre estructura y fluidez. Glenn Martens trabaja sobre trajes, camisas, vaqueros, cuero y prendas cotidianas para alterar sus proporciones y su construcción sin hacerlas irreconocibles.
Glenn Martens parece haber encontrado en su nueva colección para Maison Margiela una manera especialmente clara de aproximarse al legado de la casa: no reproducir sus códigos, sino aplicar su método sobre prendas que todos conocemos. Presentada en París el 29 de septiembre, la colección Primavera/Verano 2027 parte de dos conceptos, “HARD” y “SOFT”, que la Maison relaciona con la división histórica de los ateliers parisinos entre Tailoring, dedicado a las prendas construidas y estructuradas, y Flou, vinculado al drapeado y a una confección más fluida.
En la parte masculina del desfile, esa investigación se traduce en un guardarropa sorprendentemente reconocible. Hay trajes negros y grises, americanas, chalecos, camisas blancas, gabardinas, camisetas, cazadoras de cuero, denim, pantalones de vestir y prendas de punto. Martens no necesita abandonar el armario masculino convencional para transformarlo. Le basta con intervenir su construcción, desplazar sus proporciones y alterar la relación entre unas prendas y otras.



HARD y SOFT: la idea que construye la colección
La oposición entre dureza y suavidad funciona aquí de manera literal. Maison Margiela introduce rigidez en prendas arquetípicas para modificar su silueta, incorpora nuevos elementos estructurales a la sastrería y proporciona bases rígidas sobre las que después puede desarrollarse el drapeado. Es una apropiación deliberada de técnicas procedentes de la alta costura para llevarlas al terreno del prêt-à-porter.
Pero la colección masculina resulta interesante precisamente cuando ese planteamiento técnico deja de ser evidente. Una americana negra continúa pareciendo una americana negra; un pantalón gris sigue funcionando como un pantalón de vestir y unos vaqueros siguen siendo unos vaqueros. La transformación sucede un nivel por debajo de la imagen inmediata de la prenda. Las solapas pueden plegarse hacia dentro mediante una construcción muy marcada y volver después a su posición convencional; otras prendas incorporan refuerzos que modifican su caída y aparecen camisas, camisetas y capas superpuestas que desdibujan dónde empieza una pieza y termina la siguiente.
Es una operación muy Margiela: cuestionar cómo está hecha una prenda sin necesidad de destruir su identidad.



La nueva sastrería masculina de Maison Margiela
La sastrería articula buena parte de los looks masculinos. Los primeros trajes establecen inmediatamente el tono: hombros definidos, chaquetas alargadas y pantalones amplios que caen prácticamente sobre el calzado. El negro y el gris refuerzan una imagen formal que, observada con atención, está llena de pequeñas anomalías.
Las camisas sobresalen bajo las chaquetas, los chalecos modifican las líneas tradicionales del traje y algunas capas intermedias parecen deliberadamente desplazadas. En otros looks, la americana pierde su relación habitual con el pantalón de vestir y aparece sobre prendas blancas mucho más fluidas o combinada con camisetas y pantalones que pertenecen aparentemente a otro registro.
Martens utiliza así la sastrería no como un código de formalidad, sino como una estructura sobre la que experimentar. El traje continúa teniendo presencia, pero deja de imponer las reglas al resto del look. Puede convivir con una camiseta, un vaquero desgastado, una camisa abierta o un zapato que rompe deliberadamente con la limpieza de la silueta.
Esa voluntad de hacer convivir concepto y usabilidad es especialmente importante en esta colección. Martens mantiene una idea potente y consistente en cada prenda sin hacer que el resultado resulte intimidante para quien tiene que vestirla. Maison Margiela conserva así su capacidad experimental, pero la acerca a un guardarropa que puede funcionar fuera de la pasarela.





Vaqueros, cuero y camisetas: Margiela vuelve a la ropa real
Fuera de la sastrería aparece probablemente la parte más atractiva del vestuario masculino de SS27. El denim ocupa un lugar central, desde pantalones lavados y desgastados hasta cazadoras claras, y se combina indistintamente con cuero, chalecos, camisetas, camisas, abrigos o piezas de aspecto artesanal.
Hay algo deliberadamente cotidiano en estas combinaciones. Un vaquero azul con chaleco beige y chaqueta de cuero; pantalones de piel con una cazadora vaquera blanca; una camiseta estampada con pantalón blanco y chaqueta corta; denim con una prenda de rejilla anudada sobre los hombros. Son combinaciones comprensibles, pero nunca completamente previsibles.
También el tratamiento del color contribuye a romper cualquier posible uniformidad. Después de los negros, grises y blancos iniciales aparecen azul eléctrico, amarillo, naranja y rojo, muchas veces incorporados a través de capas sucesivas. Las prendas parecen haber tenido una vida anterior: superficies lavadas, tejidos arrugados, denim decolorado, cuero con brillo irregular y camisas estampadas que podrían proceder de distintos momentos y armarios.
Ese aspecto usado no es un simple acabado vintage. Dentro del lenguaje de Margiela, sirve para cuestionar la idea de que el lujo tenga necesariamente que presentarse como algo perfecto, nuevo e intacto.



El chaleco se convierte en una de las piezas clave
Entre todas las prendas recuperadas por Martens, el chaleco adquiere una presencia especialmente interesante. Aparece dentro de trajes relativamente clásicos, pero también sobre camisetas, debajo de chaquetas vaqueras o convertido prácticamente en una pieza exterior.
La colección juega constantemente con esa posibilidad de extraer una prenda de la posición que tradicionalmente ocupa dentro del vestuario masculino. Un elemento pensado para permanecer bajo una americana puede convertirse en protagonista; una camisa funciona como capa intermedia; una camiseta gráfica entra en una construcción mucho más sofisticada; una gabardina adquiere un volumen capaz de ocultar casi por completo lo que sucede debajo.
La gran pieza blanca que cubre uno de los looks masculinos resume especialmente bien el ejercicio. La referencia al abrigo clásico permanece intacta, pero su escala modifica por completo la relación entre cuerpo, prenda y proporción. No hace falta recurrir a una forma desconocida: basta con llevar una conocida hasta un lugar diferente.



Una colección más directa, pero no más convencional
SS27 muestra una aproximación más directa a algunos de los fundamentos de Maison Margiela. Los arquetipos de la casa siguen presentes, pero Martens reduce el componente más teatral para concentrar la experimentación en la construcción de las propias prendas.
Eso no significa que Maison Margiela esté abandonando la experimentación. Más bien sucede lo contrario: el experimento se concentra ahora dentro de la propia ropa.
Y ahí está probablemente la clave de la colección masculina. Frente a una moda que a menudo necesita crear una imagen radicalmente nueva para hablar de cambio, Martens trabaja con aquello que ya existe. El traje, el vaquero, la gabardina, la camisa blanca, la cazadora de cuero o el chaleco no desaparecen. Son sometidos a nuevas tensiones, proporciones y maneras de llevarlos.