Son las 13h de un jueves random. Y tenemos entrevista con el que, a día de hoy, es uno de los artistas contemporáneos más destacados de nuestro país: Okuda San Miguel. ¿El motivo? Saca un libro muy molón que te recomendamos tener en la biblioteca: Colouring the World. Pues eso. Coloreemos.

Entrevista de Manu Bermúdez

Entrevistar a Okuda por teléfono mientras hace la compra en Mercadona. Quizá no era la idea de entrevista perfecta que teníamos en mente pero, la verdad, la nueva normalidad cada vez nos pone más. Y su libro también.

Aprovechamos la salida de Colouring the world, su cuarto libro, para preguntarle de todo y comprobar qué queda en el artista internacional del chaval que pintaba fábricas y edificios abandonados en su Santander natal.

No te pierdas la entrevista con Okuda ¡Vamos al lío!

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Cuéntame primero cómo surge hacer este libro.

Es el cuarto libro que saco, pero los tres anteriores son de proyectos concretos. Como el de la Iglesia de Llaneras y el de Las Fallas. Más visuales y más de obra. Era una necesidad para mi desarrollar un libro con los conceptos de mi obra a partir de 11 simbolos presentes en mis trabajos. De ahí parte todo. Son 11 porque ese es mi número mágico.

El 11 en numerología es uno de los llamados maestros, cierto. ¿Eres un 11?

Sí, es mi número en numerología. De todos modos, antes de saber esto ya era un número que se me presentaba en la vida en muchísimas situaciones y cosas. Lo he adquirido por estas señales, antes de saber nada de su significado.

En este libro se explica esa simbología presente en toda tu obra ¿Cuáles dirías que son los símbolos más recurrentes?

Hay varios. Por ejemplo que las personas tengan identidades animales, que estén relacionados. Ese es uno. Luego símbolos como la paloma o la calavera, son super recurrentes, incluso antes de los triángulos. Y también las personas pintadas fuera de los cánones de belleza estipulados, las que hago en grises.

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Ese imaginario de colores, geometría, humanos-animales… ¿De donde nace?

Al principio yo pintaba letras. Y esas letras, se empezaron a geometrizar y simplificar naturalmente en triángulos, rombos, círculos… Después en el trabajo de estudio a esas formas humanas grises de cuerpos gordos, las que te decía antes, las veía deambulando como por sitios imaginarios construidos con geometrías. Y el final fue ver que lo podía geometrizar todo. Así empecé a hacerlo. Con el paso del tiempo me di cuenta de que realmente es como si compusiera de manera digital sin saberlo. Porque los volúmenes digitales y las mallas de modelado son triangulares. Es decir, sin saber nada de ese tema, lo geometrizaba o “digitalizaba” todo.

Quién te iba a decir que ibas a poder desarrollar todo ese imaginario cuando empezaste a pintar en la calle… Por que supongo que te llevarías alguna multa.

Bueno, tampoco era tan así. Para pintar tranquilo encontrábamos nuestros tesoros. Fábricas abandonadas y edificios en ruina que no importaban a nadie y no molestábamos. Ahí pasábamos días y días metidos pintando. Es decir, si que habré pintado en muchos sitios ilegales pero tampoco recuerdo estar preocupado por la policía.

¿En qué momento pasó de ser una acción callejera a notar el interés de la comunidad artística?

Ha sido una evolución muy lenta. Ha habido trabajos, como el de la Iglesia de Llanera, que han supuesto que aumentara mucho el volumen de trabajo, eso es cierto. O el proyecto I AM, con el que fuimos haciendo exposiciones por todo el mundo. Estuvimos en New York, París, Bélgica… En ese momento recuerdo que intenté madurar la obra de estudio, porque estaba más centrado en la calle, y recuerdo que ahí es cuando empezó la identidad que tengo ahora. Esos dos momentos diría que son los dos que marcaron el cambio. Los de mayor crecimiento artístico.

¿Cómo diríais que ha sido de “fluido” el introducirte en el sector del arte?

Es un mundo complicado, pero siempre he estado bastante al margen. He tenido la suerte de hacer proyectos por mi cuenta en streetart o con marcas e instituciones. He llegado al mercado del arte de manera anormal. Mi trabajo ha terminado entrando, pero no por el camino tradicional. Han sido las redes, mis trabajos existentes… He podido casi prescindir del mercado del arte. Ahora mismo no, pero durante muchos años fue así.

¿Echas de menos la libertad de ese momento?

No, porque combino las dos cosas. Nunca he dejado de hacer intervenciones de todo tipo.

¿Este confinamiento cómo lo has llevado a nivel creativo?

Bien, pero ha habido momentos de crisis. No estoy acostumbrado a estar en el mismo lugar dos meses y medio. Y más en la misma casa con la misma gente. Y encima las semanas que ha hecho malo en Madrid y no podía salir a la terraza a pintar…. Me suponía un poco de agobio. Yo estoy acostumbrado a estar subido en una grúa pintando edificios por fuera. El cuerpo me pide grúa y viajar…

¿Has pintado muchas paredes en casa?

(Risas) No, no. Lo que si hice fue llevarme piezas del estudio a casa para crear cosas nuevas. De hecho hay una que se llama Quarantine Dreams que la he hecho con mis seguidores en Instagram Live. Ha sido muy divertido.

El tema de los followers, redes sociales, fama, revistas… ¿Cómo lo llevas?

Las redes sociales súper bien. De hecho es lo que me ha dado libertad de elección de las propuestas que llegan. Tener la sartén por el mango en cierta manera. La pieza esta que te digo de Quarantine Dreams, como refleja el momento que hemos pasado, hemos sacado unos prints y se han vendido muy rápido. Las redes te permiten presentarte al mundo y también poder vender tu obra. Antes se necesitaba una galería, te da mucha libertad en ese sentido.

Lo de las revistas y la prensa también lo llevo bien. Tengo un equipo grande que me filtra las cosas. Se encargan del mail, de hablar con prensa, clientes, negociaciones… También de envíos. Imagínate la pereza de enviar siete esculturas a EEUU con todo el tema de aduanas y papeleos… Puedo estar muy centrado en la creación.

De los trabajos hechos hasta ahora ¿de cuál te sientes especialmente orgulloso?

Pues muchos. La Iglesia que te decía antes, en el norte, siempre ha sido un orgullo. Y ahora te diría que las tres iglesias, el castillo en Francia y también las esculturas que estoy haciendo para espacio público. Como las siete que estoy haciendo para Boston y una que voy a hacer pronto en China, de diez metros de altura. De lo que más orgulloso estoy es de lo que está por llegar.

Tiene que ser un flipe que te den libertad para poder hacer todos esos trabajos tan chulos. Una bolsa de caramelos para un artista.

Pues si, una pasada. Es fruto de los trabajos anteriores, de la exposición en las redes, y por crecer constantemente a nivel artístico. Y por trabajo y disciplina, eso seguro.

¿Hay alguna parte del mundo en la que haya mayor demanda de tu trabajo?

Pues EEUU y ahora estamos abriendo mucho negocio en Asia.

Tu estética es heredera del manga y la estética asiática. Un poco en la línea artística de Murakami.

Va muy bien para ese mercado.

¿Hay algún proyecto que te molaría hacer y no haya llegado?

He estado paseando por El Retiro estos días y me encantaría hacer una instalación en el Palacio de Cristal. Me fliparía. Sitios así, con arquitectura super clásica. Versalles o el Museo Cerralbo. De repente hay una sala como muy Versalles en la que sería genial hacer algo. ¿Viste la intervención de Murakami y Jeff Koons? Pues ese rollo…

Oye ¿Te importa que te llame en dos minutos? Tengo que pagar con el móvil, que estoy en la caja del Mercadona.

Claro hombre. Hasta ahora.

Venga, pago y ya.

(Dos minutos más tarde) ¿Ya has pagado?

(Risas) Si, ya está. Es que lo hago todo con el móvil y a veces ni me doy cuenta de que no puedo hablar y pagar al mismo tiempo. Y no me traje ni la cartera. ¿Por donde estábamos?

Murakami, Jeff Koons y la cajera de Mercadona…

(Risas) Si, si. Pues eso. Jeff Koons no me gusta tanto, pero Murakami mucho. De hecho toda la onda esa asiática que hay después de él me flipa. Ahora estoy haciendo colección comprando e intercambiando con otros artistas. Toda es onda japo me parece brutal.

¿Alguna vez has sentido ganas de hacer algo totalmente distinto a lo que haces?

De hecho me he planteado hacerlo bajo otro nombre, sin que nadie se entere. Me encantaría hacer otro tipo de obras. Pero seguro que luego se me juntan los dos personajes ¿Sabes lo que te digo? Pero lo he pensado.

De repente unos blancos y negros, algo muy sobrio y neoclásico…

Total, pero con otro nombre, como un nuevo artista. Sería un puntazo.

¿Te provoca la actualidad a nivel artístico?

Pues si. De hecho el otro día hablando con Cayetana Guillen Cuervo, que presenté el libro en Instagram hace un par de días, nos pusimos muy filosóficos con eso. Sería guay sacar otro capítulo del libro, el doce, después de la cuarentena. Con ese respiro que le hemos dado al medio ambiente, buscando lo positivo. Yo vivo en un ático y ha sido maravilloso poder ver los cielos de Madrid durante la cuarentena, sin contaminación. Y sobre todo pensar sobre que es lo que no está bien de la modernidad y el ritmo que llevamos.

Y no solo el corona virus. Todo el movimiento Black Lives Matter, el Pizza Gate,… Están pasando cosas brutales que supongo que como artista llaman a crear.

Totalmente. Normalmente me siento un poco al margen de la realidad. No veo los telediarios ni me entero mucho de nada. Y mi obra tiene tanta simbología que no necesita actualidad. Pero ahora están pasando cosas tan intensas y que están cambiando tanto a la sociedad en que vivimos que sí que me pide introducirlo en mis obras. Como impulso.

Oye, pues no te robo más tiempo. Te dejo desinfectar y colocar la compra.

(Risas) Nada hombre. Ha sido un placer.

Espero seguir hablando contigo por proyectos chulos.

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