Tom Ford SS27: el traje, el cuerpo y el deseo según Haider Ackermann

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Haider Ackermann no necesita reinventar el sexo para Tom Ford. Necesita entender qué significa hoy. Para Primavera/Verano 2027, el diseñador parte de uno de los códigos esenciales de la casa —la seducción— y lo desplaza hacia un territorio menos evidente, más ambiguo y, precisamente por eso, más interesante.

“Desire needs air”, escribe Ackermann en el texto que acompaña la colección. La frase podría funcionar como síntesis de todo el desfile. El cuerpo masculino aparece constantemente expuesto, pero rara vez de una manera convencionalmente exhibicionista. Se descubre debajo de una americana, a través de una camiseta de red, con una camisa completamente abierta o directamente mediante slips que sustituyen al pantalón. La desnudez no interrumpe la ropa: forma parte de ella.

La provocación ya no consiste simplemente en enseñar más, sino en controlar exactamente cuánto se enseña y qué sucede alrededor de ese cuerpo.

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HAIDER ACKERMANN

La nueva sexualidad de Tom Ford

Tom Ford construyó buena parte de su imaginario sobre una sexualidad frontal, sofisticada y perfectamente consciente de sí misma. Ackermann recoge ese legado sin intentar reproducirlo literalmente.

Su propuesta masculina para SS27 es extremadamente sensual, aunque esa sensualidad aparece atravesada por cierta vulnerabilidad. Un jersey marrón aparentemente convencional termina sobre un slip rosa. Un jersey negro de cuello alto se lleva únicamente con ropa interior, mocasines y un gran bolso de piel. Una americana blanca convive con unos minúsculos shorts blancos y una camiseta de red. En otro look, un escote negro cae lateralmente hasta descubrir parte de la cadera. Son combinaciones calculadas para parecer ligeramente incorrectas.

Ackermann habla de “un cuerpo que se revela sin ofrecerse”. Esa diferencia resulta fundamental. Los modelos enseñan piernas, pecho, hombros y cintura, pero mantienen una actitud distante. No parecen reclamar la mirada del espectador. La reciben.

Sastrería después de medianoche

La otra gran protagonista continúa siendo la sastrería. Americanas de hombros precisos, pantalones largos que descansan sobre el zapato, trajes cruzados, chaquetas blancas y siluetas negras construyen la estructura formal de la colección.

Pero casi siempre existe algo que altera esa corrección.

Una camiseta interior blanca aparece debajo de una camisa desabrochada. El denim sustituye al pantalón de traje. Una americana de cuero negro se combina con pantalones blancos deliberadamente relajados. Un traje de raya diplomática incorpora una camiseta gráfica y una estrecha bufanda negra. Las camisas se abren hasta la cintura y los chalecos dejan el torso al descubierto.

El resultado conserva el glamour asociado históricamente a Tom Ford, pero elimina parte de su rigidez. Es una elegancia que parece haber sobrevivido a una noche demasiado larga.

Incluso algunos elementos tradicionalmente domésticos entran en ese juego. Las batas —de terciopelo negro o satén rojo con las iniciales TF bordadas— abandonan el dormitorio para incorporarse al vestuario formal. La frontera entre estar vestido y estar desvestido se vuelve deliberadamente imprecisa.

Negro, blanco y rojo

La paleta contribuye a esa claridad visual. El negro domina buena parte de la propuesta masculina y sirve como terreno para explorar diferentes grados de exposición: desde el traje prácticamente ortodoxo hasta el cuerpo vestido únicamente con un jersey y un slip.

El blanco funciona en el extremo contrario. Trajes completos, camisas fluidas, tejidos satinados y chaquetas cruzadas producen algunos de los momentos más luminosos de la colección. Entre ambos aparece el rojo, utilizado con precisión: pantalones, batas, flores en las solapas.

La flor se convierte, de hecho, en uno de los pequeños gestos recurrentes del desfile. Negra, roja o blanca, colocada sobre americanas y chaquetas, introduce una sofisticación casi romántica dentro de una colección construida alrededor del deseo.

Y después está el rosa. Un único slip rosa bajo un jersey camel basta para romper cualquier expectativa sobre cómo debería construirse la sensualidad masculina dentro de una casa como Tom Ford.

El hombre de Haider Ackermann

Quizá lo más interesante de la colección sea que no intenta definir una única masculinidad. Hay referencias al ejecutivo, al dandi, al hombre que sale de un hotel por la mañana, al uniforme nocturno y al vestuario íntimo. Todo convive sin necesidad de establecer demasiadas categorías.

Los guantes de cuero, las gafas oscuras, los mocasines de charol, los grandes bolsos y los pequeños maletines endurecen algunos looks; los escotes, las transparencias, las flores y las superficies satinadas los vuelven inmediatamente más frágiles.

Esa tensión parece deliberada. Ackermann insiste en que la fragilidad no tiene por qué ser lo contrario de la fuerza. En SS27, ambas pueden ocupar el mismo cuerpo.

Y ahí aparece una lectura especialmente contemporánea de Tom Ford. No se trata de eliminar la fantasía sexual que hizo reconocible a la firma, sino de hacerla menos obvia. El hombre ya no necesita demostrar que controla la situación para resultar seductor.

Puede estar perfectamente vestido y prácticamente desnudo. Puede llevar un traje blanco impecable o salir con un jersey, un slip rosa, un periódico y la ropa dentro del bolso.

El riesgo de ser libre

Los espejos que rodean la pasarela multiplican los cuerpos y convierten la mirada en parte de la escenografía. Ackermann comienza precisamente hablando del espejo: un lugar sin lugar donde las imágenes aparecen y desaparecen.

Es una buena metáfora para una colección en la que casi todo funciona mediante contradicciones. Formalidad y desnudez. Fuerza y fragilidad. Masculinidad y feminidad. Disciplina y decadencia.

Pero Ackermann termina su texto negando precisamente aquello que podría parecer más evidente después de ver el desfile: “I am not interested in provocation”.

Su interés está en otra parte: en el riesgo de ser libre.

Y quizá por eso los slips, las batas, los torsos desnudos o los shorts mínimos terminan siendo menos importantes que la naturalidad con la que aparecen. Tom Ford SS27 hombre no propone el cuerpo masculino como provocación. Lo utiliza para hablar de una libertad que ya no necesita pedir permiso para ser mirada.