Durante años hubo una respuesta prácticamente automática a la pregunta de qué ponerse en los pies. Sneakers. ¿Hay vida después?
Con vaqueros, con pantalones de vestir, con un traje, para trabajar, viajar o salir a cenar. La zapatilla dejó de pertenecer al deporte y terminó ocupando casi todos los espacios del armario masculino, impulsada por el streetwear, las colaboraciones imposibles, las ediciones limitadas y una industria que convirtió determinados lanzamientos en objetos de deseo. Pero algo está cambiando. Las sneakers no han desaparecido —ni parece probable que lo hagan—, aunque ya no están solas.
La moda masculina de 2026 está recuperando un placer que durante algún tiempo pareció demasiado clásico: llevar zapatos. Mocasines de ante, derbies de proporciones inesperadas, náuticos que han abandonado definitivamente el puerto, slip-ons, zapatos de piel deliberadamente envejecida y modelos híbridos difíciles de colocar dentro de una categoría concreta están construyendo una nueva forma de mirar hacia abajo.
No se trata exactamente de volver a vestir como antes. Probablemente sea justo lo contrario. El zapato clásico ha regresado porque ha aprendido a comportarse como una sneaker.
El final del monopolio de las sneakers
La cultura sneaker sigue viva, pero su lenguaje está cambiando. Después de años dominados por drops, reventa, colaboraciones y modelos convertidos en fenómenos globales, comienza a percibirse cierto cansancio alrededor de la necesidad permanente de conseguir la siguiente zapatilla. El interés se desplaza hacia algo más personal: comprar menos, encontrar piezas que funcionen durante más tiempo y construir una rotación en la que no todo dependa del hype.
Eso explica que algunas de las siluetas más antiguas del guardarropa masculino resulten ahora inesperadamente contemporáneas. El hombre que hace unos años habría combinado unos pantalones amplios con sneakers voluminosas puede llevar hoy exactamente esos pantalones con unos mocasines de perfil bajo. Unos vaqueros desgastados admiten unos derbies de piel. Un traje relajado puede terminar en unos loafers sin calcetines. Las reglas que históricamente separaban el calzado formal del informal se han vuelto considerablemente menos importantes.
Y ahí está probablemente la verdadera transformación: no estamos sustituyendo las sneakers por zapatos formales, sino utilizando los zapatos con la libertad con la que aprendimos a utilizar las sneakers.
El loafer es el nuevo básico masculino
Si existe un ganador evidente en esta transición es el mocasín masculino. Penny loafers, horsebit, tassel, venecianos o interpretaciones prácticamente desestructuradas conviven ahora sin necesidad de pertenecer a un guardarropa especialmente clásico.
Parte de su éxito está precisamente en esa ambigüedad. Un loafer puede acompañar un traje, pero también unos Levi’s gastados, un pantalón ancho, unos shorts o una camiseta blanca. Firmas históricas como G.H. Bass, Gucci, Sebago o J.M. Weston comparten ahora territorio con interpretaciones mucho más suaves y relajadas de marcas como The Row, Loewe o Morjas.

GUCCI
1953 HORSEBIT
El ante resulta especialmente interesante. Marrones tabaco, chocolate, arena y tonos apagados eliminan buena parte de la rigidez que tradicionalmente asociábamos al zapato masculino. La piel deja de necesitar brillo y perfección; puede tener textura, arrugarse y adquirir personalidad con el uso. Es una elegancia mucho menos preocupada por parecer elegante.

THE ROW
SOFT MOCASIN
Los náuticos han abandonado el barco
Pocas prendas demuestran mejor la capacidad de la moda para rehabilitar aquello que durante años consideramos imposible que el boat shoe. El náutico ha pasado de representar cierto uniforme preppy excesivamente reconocible a convertirse en uno de los objetos más interesantes del nuevo armario masculino.
La diferencia está en cómo ha regresado. Ya no necesita pantalón chino, polo y puerto deportivo. Aparece en ante, con suelas más contundentes, construcciones monocromáticas y proporciones que lo acercan al mocasín o incluso al calzado de montaña. Sperry y Sebago mantienen el vínculo con el original mientras firmas como Golden Goose, Paraboot, Timberland, Saman Amel, Auralee o Morjas exploran territorios considerablemente más urbanos.

GOLDEN GOOSE
CRUISE
Con pantalones amplios, denim lavado, calcetines visibles o incluso tailoring relajado, el antiguo zapato de cubierta funciona precisamente porque ha perdido buena parte de aquello que lo hacía previsible.

MORJAS
THE BOAT SHOE
Los derbies pierden las buenas maneras
En el extremo contrario al loafer ultraligero aparece otro fenómeno: el derby masculino se hace grande. Punteras redondeadas, volúmenes deliberadamente exagerados y suelas contundentes están convirtiendo uno de los zapatos más tradicionales del guardarropa en algo mucho más extraño.
Firmas como Loewe, Dries Van Noten, Marsèll, Acne Studios o Guidi han ayudado a explorar esa proporción. El resultado funciona especialmente bien cuando el resto del look evita cualquier intención excesivamente formal: pantalones amplios, prendas de trabajo, denim, tejidos lavados y siluetas aparentemente sencillas.

LOEWE
DERBY BOBINE
La gracia está precisamente en el contraste. Cuanto más serio parece el origen del zapato, más interesante resulta llevarlo como si no lo fuera.

ACNE STUDIOS
LACE-UP SHOES
El zapato vivido: cuando la imperfección se convierte en lujo
Hay otra idea recorriendo el calzado masculino actual: las cosas demasiado nuevas empiezan a resultar menos interesantes. Pieles lavadas, ante cepillado, acabados irregulares, arrugas y materiales diseñados para adquirir carácter con el tiempo ofrecen una alternativa a la perfección casi industrial que durante años dominó buena parte de la cultura sneaker.
El concepto conecta con una sensibilidad mucho más amplia dentro de la moda masculina. Queremos prendas que parezcan nuestras, no simplemente recién compradas. Un buen zapato puede mejorar después de cien usos porque registra cómo caminamos, dónde hemos estado y cómo lo hemos tratado.
Aquí aparece Satorisan, una firma española que lleva esa filosofía hacia un territorio más relajado. Su catálogo masculino no se limita a la sneaker tradicional y actualmente incorpora mocasines, slip-ons y botas, además de modelos como Jagube, Heisei, Chacrona, Kwahu, Ensō, Stardust o Kiso. Su aproximación al calzado —materiales con textura, comodidad y piezas concebidas para ganar personalidad con el uso— encaja especialmente bien en este punto intermedio donde la frontera entre zapatilla y zapato empieza a perder importancia.

SATORISAN
CHACRONA PREMIUM EVO
Es precisamente uno de los caminos más interesantes que deja la era sneaker: no todos los hombres quieren pasar directamente de unas zapatillas a unos loafers de piel brillante. Entre ambos extremos está apareciendo un enorme territorio de calzado híbrido, cómodo y deliberadamente informal que conserva la facilidad de una sneaker sin tener necesariamente su aspecto.
Slip-ons: ponerse los zapatos sin pensarlo demasiado
El éxito de los slip-ons masculinos responde a una lógica parecida. Después de acostumbrarnos durante años a que comodidad y moda pudieran convivir, difícilmente aceptaríamos que volver al zapato implicase renunciar a esa facilidad.
De ahí el crecimiento de mocasines blandos, venecianos, mules y construcciones sin cordones. Algunas propuestas apenas tienen estructura; otras utilizan suelas que proceden visual o técnicamente del universo deportivo. Lo importante es que permiten introducir una silueta más sofisticada sin recuperar necesariamente los códigos del zapato de oficina.

COS
SLIP-ON SHOE
Es una evolución importante porque demuestra que el regreso del zapato masculino no tiene demasiado que ver con recuperar la formalidad. Tiene que ver con recuperar formas, materiales y proporciones que las sneakers habían desplazado.
El nuevo zapatero masculino no necesita elegir un bando
Todo esto no significa que debamos guardar las sneakers. De hecho, algunas de las zapatillas más interesantes de 2026 avanzan exactamente en la misma dirección. Las siluetas de lona vuelven a simplificarse, los perfiles se hacen más bajos y la obsesión por el volumen extremo convive con modelos mucho más discretos. Al mismo tiempo, el running técnico continúa infiltrándose en la ropa cotidiana.
Lo verdaderamente nuevo es la convivencia. Un armario masculino contemporáneo puede incluir unas sneakers técnicas para caminar durante horas, unos loafers de ante para llevar con vaqueros, unos náuticos con pantalones amplios, unos derbies contundentes para romper un look aparentemente sencillo y unos slip-ons para esos días en los que vestirse bien no debería requerir demasiado esfuerzo.
Durante mucho tiempo elegimos las sneakers porque parecían capaces de resolverlo todo. Quizá ahora resulte más interesante aceptar que ningún zapato debería hacerlo.
Después de las sneakers
La moda funciona mediante péndulos, pero rara vez vuelve exactamente al lugar del que partió. Por eso el regreso del zapato masculino no supone recuperar las normas de nuestros padres o nuestros abuelos. El loafer que hoy aparece bajo unos vaqueros enormes, el náutico llevado en mitad de una ciudad o el derby exagerado combinado con ropa de trabajo tienen poco que ver con los códigos que originalmente acompañaban esas piezas.
Lo que hemos conservado de la revolución sneaker es probablemente más importante que la propia sneaker: comodidad, libertad para mezclar códigos y la idea de que un zapato puede definir completamente una silueta.
Ahora simplemente tenemos más opciones.